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Ceremonias /
Shabat
Seminario 

“…Y volverán sus espadas en azadas,

y sus lanzas en tijeras de poda;

no alzará espada nación contra nación,

ni se adiestrarán más para la guerra”

Isaías 2:4

 

Kabalat Shabat

Seminario tópico anual – Sionismo por vía pacífica

Círculo de Movimientos Juveniles

Diciembre 2010

 

Encendido de velas

 

Bendito Seas Tú Adonai, Dios nuestro Rey del Universo, que nos santificaste con tus preceptos y nos ordenaste encender vela de Shabat (Versión tradicional)

 

Bendita sea tu llegada, Shabat.

Trae contigo la calma,

La paz interior tras una semana múltiple

De trajín de trabajo y de quehacer educativo.

En el espacio que abres se pueden tejer

Innumerables sueños –

Juntos y por separado.

Bendita sea tu llegada

Bendita tu vela encendida

(Versión jalutziana)

 

El Shabat es la calma después de una obra

y el principio de una nueva obra. El barbecho

espiritual para renovar el espíritu. Quien no ha

creado en el transcurso de los días hábiles, no

saboreará el Shabat.

Y quien no saboree el Shabat, no conoce el

deleite de la creación. El Shabat en la vida del

que produce, así como en la vida de todo un

pueblo, es terreno fértil para el pensamiento

que genera la obra venidera.

El pensamiento precede a la obra completada.

El Shabat es la dicha del descanso pleno tras la

acción, para volver a poner de manifiesto una

segunda y una tercera obra que ya están

latentes en el pensamiento.

(Zalman Shazar)

 

“La humanidad merece unirse en una sola familia

Y entonces cesará toda provocación y todas las infamias…”

(Rav Abraham Kuk)

 

 

Kidush

 

Sexto día. Fueron acabados los cielos y la tierra, y todo lo que contienen.

Y culminó Dios en el día séptimo la obra que hizo;

y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo.

Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó,

porque en él cesó y reposó de toda la obra que había creado.

 

¡Prestad atención!

Bendito eres Tú Adonai, Dios nuestro Rey del Universo, creador del fruto de la vid.

 

Bendito eres Tú Adonai, Dios nuestro Rey del Universo que nos santificaste

con Tus preceptos.

Con Tu amor y abnegación nos concediste el Shabat y su santidad

en memoria de la obra de Tu creación. Primero entre nuestras festividades

nos recuerda la Salida de Egipto

y nos concediste con amor y abnegación el Shabat de Tu santidad.

Bendito eres Tú Adonai que santificas el Shabat.

(versión tradicional)

 

Shalom Aleijem, la paz sea con vosotros

 

Shalom Aleijem

Ángeles de la paz

Ángeles del Supremo

Del Rey de Reyes

El Santo Bendito Sea

 

Bienvenidos

Ángeles de la paz

Ángeles del Supremo

Del Rey de Reyes

El Santo Bendito Sea

 

La paz sea con vosotros…

 

 “Daré paz en la tierra…  y no pasará espada por vuestra tierra” (Levítico 26:6)

 

 

La bendición del pan

 

Bendito eres Tú Adonai, Dios nuestro Rey del Universo que extraes pan de la tierra.

(versión tradicional)

 

Bendigamos el pan como símbolo de la creación humana,

el producto de su trabajo y manufactura.

Porque suya es la elección entre el bien y el mal –

y habrá de elegir el bien.

(Versión jalutziana)

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Que todo

pertenezca a todos,

Que logren hacerse bien

El niño a la mujer maternal, para que crezca

La carreta al buen carretero, para que la conduzca bien

Y la tierra, a quienes la riegan

Para que brinde su fruto a tiempo.

 

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Y en mi corazón resultó ser como un fuego ardiente, encerrado en mis huesos

(Jeremías 20:9)

 

El que hace la paz

 

El que establece la armonía en las alturas

Nos conceda la paz a nosotros

Y a todo Israel

Amén

Nos conceda la paz a nosotros

Y a todo Israel

 

 

Dijo el Maharal de Praga: lo que llamamos Shalom (paz, sh.l.m.), es de la raíz de Integridad y Completitud (Shlemut), porque la paz completa la realidad hasta que se da la integridad sin defecto.

(del Sefer Netivot Olam B, Netiv hashalom, cap 1)

 

Dijo Rabí Muna: y los tres – juicio, verdad, paz – son uno: hecho el juicio, hecha la verdad, hecha la paz

(Tratado Derej Eretz Zuta, capítulo Hashalom)

 

¿Quién es el hombre deseoso de vida,

que anhela días para ver el bien?

Guarda tu lengua del mal y tus labios de hablar engaño.

Apártate del mal y haz el bien; busca la paz y persíguela.

(Salmos 34:13-15)

 

Nací a la paz / Uzi Gitman

 

Nací a las melodías

Y a las canciones de todos los países

Nací al idioma y al lugar

donde los menos y los más tiendan su mano a la paz.

 

Nací a la paz que llegaría

Nací a la paz que venga ya

Nací a la paz que aparezca tan siquiera 

Quiero, deseo, ya vivir en paz.

 

Nací al sueño

Donde lo veo llegar

Nací a la voluntad y a la fe

Que vendrá después de la treintena

 

Nací a la nación milenaria

Volviendo a su tierra y su jirón de cielo

Que ve despuntar, surgir el día

De la ansiada hora en que reine la paz

 

 

Ojalá / Nomi Shemer

 

Lejano horizonte

blanco

enfrenta negro nubarrón 

Nuestro ruego sea realidad.

Si las ventanas esta noche

Brillan velas y festejan

nuestro ruego sea realidad

 

Ojalá, ojalá

Sea, ojalá

nuestro ruego sea realidad

 

Qué ecos me devuelve el día

Tamboriles y un shofar

Nuestro ruego sea realidad

Si se oyera entre otras

la plegaria que musito 

nuestro ruego sea realidad

 

Ojalá, ojalá…

(Traducción adaptada a la melodía)

 

Parashá: Vayejí

 

Esta semana nos ocuparemos de las bendiciones de Yaacov a sus hijos, algo de maldiciones y algo de enojos.

 

Yaacov se fue con su familia a Egipto para paliar el hambre que sufría en su tierra. Al cabo de diecisiete años de residencia allí, llama Yaacov a sus hijos y los bendice antes de morir. Yaacov ya es muy anciano (¡147 años!) y ya está casi ciego, pero completamente lúcido y con mucha sabiduría planifica lo que sucederá cuando él ya no esté. Llama a sus hijos y les dice: “Reuníos, y os diré lo que os ha de acontecer en los días venideros.  Juntaos y oíd, hijos de Yaacov, y escuchad a vuestro padre Israel.”

Yaacov crea una situación bastante dramática y empieza a bendecirlos uno a uno. La descripción de las bendiciones es muy figurativa y decididamente bella, pero lo que nos interesa ahora es el detalle de las bendiciones a Shimón y a Leví, o para hablar con precisión, la falta de bendición a ellos, que llama la atención.

Yaacov no bendice a Shimón y a Leví. A pesar de que abunda en alabanzas y profecías a los demás hermanos, los enaltece, los elogia y les desea sólo cosas buenas, a Shimón y a Leví los reprende. Lo detallamos a continuación, con explicación entre paréntesis: 

 

“Shimón y Leví son hermanos (socios en el ardid, no necesariamente hermanos de

                                                     sangre)
Armas de iniquidad sus armas (espadas robadas que usaron para hacer maldades)

En su consejo no entre mi alma, ni mi espíritu se junte en su compañía.
Porque en su furor mataron hombres (a gente en Shjem)
Y en su temeridad desjarretaron toros (en su ambición intentaron matar a Yosef, a

                                                                     quien en Deuteronomio se apoda ´toro´).

Maldito su furor, que fue fiero y su ira, que fue dura
Yo los apartaré en Yaacov y los esparciré en Israel”.

 

Es decir, ¡hay aquí una serie de acusaciones y una profecía de destrucción! Ante todo, Yaacov acusa a Shimón y a Leví de dos hechos malvados:

  1. Cuando la gente de Shjem mantenían secuestrada a Dina, su hermana, y al parecer también la violaron, los hermanos entraron subrepticiamente a la ciudad y mataron a mansalva.

  2. Aparentemente, Yaacov acusa a Shimón y a Leví de haber planificado matar a Yosef, a quien finalmente vendieron. Porque está escrito: “Y dijeron el uno al otro…  Ahora pues, venid, y matémosle…” Rashi calculó y concluyó que en función de las condiciones dadas entre los hermanos, lo más probable es suponer que fueron Shimón y Leví quienes propusieron matar a su hermanito.

Yaacov anuncia que no quiere ningún trato con Shimón ni con Leví y determina que serán separados y no se asentarán uno al lado del otro en la adjudicación de tierras. A posteriori nos enteramos que efectivamente la tribu de Leví no recibió heredad de tierra y se vieron obligados a deambular de granero en granero, recogiendo diezmos y aportes por servir toda la vida en el Templo, y Shimón y Leví no fueron vecinos. Fueron pobres, escribas y maestros y tuvieron que andar vagando por todas partes.

Es un castigo por sus actos al estilo “ojo por ojo”: fueron hermanos unidos y las tribus de sus descendientes vivieron alejadas entre sí.

Yaacov menciona el móvil de sus actos, la ira. Ira contra Yosef y contra los secuestradores de Dina. ¿Acaso su futuro está marcado por sus actos del pasado? ¿No pueden rehabilitarse? ¿Y si hubieran sido las palabras de Yaacov las que los “fijaron” en sus aspectos negativos de menoscabo?

El haberlos privado de bendición no responde a su ira: la ira como tal está en todos nosotros, y es bueno reconocerla. Shimón y Leví no saben manejar su ira y eso los mueve a matar: “Porque en su furor mataron hombres”. No saben canalizar la potencia que se oculta en la ira: “Y en su temeridad desjarretaron toros”. Sus sentimientos no son negativos en sí, son manifestaciones de su vitalidad. Las mismas energías pueden ser canalizadas hacia el amor y los actos de bien. La cuestión es cómo encauzarlas de forma creativa y constructiva y no a explosiones de ira, que pueden desencadenar, como en nuestro relato, a la ruina.

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Dijo Rabí Pinjas de Coritz:

“Desde el momento en que quebré mi ira, la mantengo en el bolsillo. Cuando la necesito, la saco de allí”.

(Tomado de Haor haganuz – relatos de jasidim / Martin Buber)

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Shimón y Leví, como todos nuestros antepasados bíblicos, no son perfectos y nos dejan muchas enseñanzas importantes para la vida. En los capítulos anteriores nos enseñan el devenir histórico del concepto de asesinato por amor, un concepto que se repite muchas veces en la historia – como el caso de Helena de Troya en la mitología griega, por ejemplo.

Y en este capítulo Yaacov nos enseña a través de sus hijos el concepto de la ira. Debemos hurgar en nosotros mismos y buscar esa ira.

En el relato de Yaacov y sus hijos, cada hijo representa diferentes características, que en mayor o menor medida existen también en nosotros.

Shimón y Leví nos enfrentan con una ira irrefrenable, una furia poderosa llevada a la acción.

A través de sus iras, podemos aprender también sobre las nuestras.

¿Qué es, en realidad, la ira? ¿Qué es lo que los enoja en el caso de Dina, y en el caso de Yosef, según el midrash? ¿Qué es lo que despierta nuestra ira? ¿Cómo se manifiesta en nuestro cuerpo? (Aquí se manifiesta en calor, la nariz enrojecida en la Torá y el ardor o calor en el midrash).

¿Cuáles pueden ser las consecuencias del enojo si lo exteriorizamos? ¿Y si lo inhibimos? ¿Qué poder tiene la ira? ¿Puede impulsarnos a actuar? ¿Hay otras maneras de manejar la ira que no sea la de Shimón y Leví?

 

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“Cuando se despierta nuestro enojo, podemos hacernos conscientes de que es una energía en nuestro cuerpo… Cuando tenemos un recipiente lleno de abono, de materia orgánica en proceso de putrefacción, sabemos que podemos convertir esa ´basura´ en flores… Con respecto a la ira, se requiere la comprensión y la visión no-dual del jardinero orgánico… sabemos que puede ser una especie de abono y que puede dar lugar a algo bello.”

(Tomado de “La paz está en cada paso – vía de concientización plena en la vida cotidiana” / Thich Nehat Hanh, monje budista)

 

¡Jazak veematz! ¡Sé fuerte y valiente!

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