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Literatura y poesía/
Conmemoración del Holocausto

Natán Alterman

Carta de Menájem Méndel

Mi Sheine Sheindel, mi bella mujer

la luna se desliza entre las nubes.

Mi Sheine Sheindel, a través de la noche y la tormenta

tocas mi cabeza en sueños.

 

La noche hace brillar mi Capote

y mi sombrero me cuelga desde la nuca hacia la frente.

Así anduve en la vida, así estoy tendido muerto,

porque mi imagen - así dicen - es eterna.

 

Mi Sheine Sheindel, copos de blanca nieve están cayendo.

No queda nadie, todos han muerto. Comprende.

Tuvia murió

y murió también Motel Ben Paisi el Jazán.

Y murió el querido tío Pini.

Y, sobre la nieve, reposa Sempenyu, pequeño y descalzo

que sigue, como siempre, aún lleno de encanto.

Pero el violín sigue mudo. Ya no dio más melodías.

Porque ya no queda quien las escuche.

 

Y también Topele descansa, Totorito el inocente.

Descansa pequeño y sonríe desde la muerte.

Eternos son la risa y el llanto de las personas

por lo tanto, Topele es inmortal.

 

Mi Sheine Sheindel. Ha caído la noche. Una noche profunda.

¿Recuerdas la noche cuando nos separamos?

Con la gente que daba lágrimas y risas

nosotros también nos enfrentamos a la muerte.

 

Tú tenías puesta, Sheine Sheindel, un pañuelo de fiesta.

Limpiabas mi vieja Capote.

Y, esta vez, el pueblo no rió.

Besó tu mano radiante.

 

Y la noche estaba bermejiza por los incendios,

y yo te formulé un testamento

en una pequeña carta, mi Sheine Sheindel.

Y claro que lo principal lo he olvidado.

 

Lo principal es... que deseaba darte las gracias,

por haber sido una cónyuge paciente e indulgente.

Sheine Sheindel, hemos actuado en una comedia eterna,

pero hemos terminado de una manera distinta, muy distinta.

 

Esto lo predijo nuestra broma de entonces, antes del fin,

cuando tocaban sus violines dentro del cráter,

el corazón de sus héroes golpeó con el puño.

Pero nadie quiso oír.

 

Yo tampoco lo supe, y tú tampoco lo entendías,

el triste espectáculo que interpretamos hasta la noche.

Ninguna literatura - así dirán - ha conocido ningún comediante

que, a semejanza a nosotros, haya tenido la espada sobre el cuello.

 

Hasta el día de la sentencia... hasta que nos presentamos en el exilio,

caballeros de los sueños, genios de la pobreza,

los grandes héroes de la literatura hebrea,

que caen en la nieve como yo.

 

- - Mi Sheine Sheindel, a través de la noche y la tormenta

mi cabeza muerta tocas.

Mi Sheine Sheindel, mi hermosa mujer…

En las alturas de desliza la luna.

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