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Fuentes y filosofía/
Conmemoración del Holocausto

Bat Ami {Tikva Sarig}

“¿Qué saben ustedes?”

[Desde adentro, 1960, volumen 23, pág. 1-2]

- - -
Nuestra conversación fluía como un manantial. Bueno, no exactamente nuestra conversación, ya que ella hablaba y yo escuchaba. Le respondía cada tanto con una o dos palabras de mi pobre yiddish de Sabra que masticaba entre mis dientes como si fuese grava. El libro de su vida se iba trashojando hacia mí, página tras página. ¿Qué había en él y que faltaba en él? Había un judío errante. Había holocausto, y había muerte. Había partisanos. Había judíos traidores y gentiles justos. Había oficiales de las SS y oficiales de RSSR. Había hornos y la nieve de Siberia. Había una joven judía solitaria en el Ejército Rojo - - - Y, ¿qué faltaba en él? Faltaba una juventud de sol y de regocijo.

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La noche del Día de la Independencia estaba rebalsada de orgullo, fulgor, canto y alegría. En el césped alrededor del comedor se habían instalado cadenas de luces y puestos de juegos, bebidas frías y golosinas. Alegres melodías conferían amenidad y festividad. Todos se regocijaban. También ellos, ella y sus dos hijos estaban felices. Jugaban y corrían entre la multitud. Me encontré con ellos. Luego nos reunimos en la sala, donde cantamos a todo pulmón y nos entrelazamos en una ronda de danza rebosante de brío. Todos cantaban y todos bailaban. Niños con sus padres, jóvenes con ancianos, inmigrantes nuevos y veteranos. Ella también. Me encontré con ella entre el oleaje de los bailes. A media noche, se concentró un grupo listo para cantar. Cantaron canciones de “aquellos tiempos”, desde la “Aliá Rishoná” (primera ola de inmigración) hasta el día de hoy. Cantaron como locos las canciones “Seu Tziona Nes vaDeguel” (Lleven a Sion milagros y banderas”) y “Paam Ajat Bajur Iatzá” (Cierta vez salió un joven)." El público cantaba junto con el grupo y respondía con exclamaciones de risa y canto, taconeos y aplausos.

De pronto, en un acto repentino y sorprendente, ella se levantó y comenzó a cantar una canción en yiddish. Su voz era agradable. Su canto era rico en tonos. Estaba tensa y, cada tanto, desafinaba. Su modo de cantar era extraño y la melodía expresaba muchísimo dolor. Las palabras hablaban de un niño judío que había perdido a su madre en el camino a los hornos.

Todo quien sintió y todo quien comprendió y todo quien... - la sala, que estaba repleta de gente, quedó en completo silencio. Cerca de la pared septentrional estaban sentados los jóvenes. No precisamente en edad escolar. Pero jóvenes. Había entre ellos algunos que ya tenían hijos. - - -
De pronto comenzó la risa. Y así, uno tras otro, fue contagiando a los jovenzuelos. Como una epidemia fue alcanzando a todos. Yo me quedé congelada en mi lugar. A mi lado se encontraba Raya. Una chica joven. Me sonrió con una expresión de casi-llanto. Deseé ayudar, a ella y a mí. Le dije: es Ella quien hizo un error al elegir la canción. Aquí se estaba cantando risueñamente, y ella cantó “en serio”.

La mujer extraña palideció y se encorvó, las palabras se le congelaron en los labios. Parecía quebrantada. Y huyó afuera.

- - -
Sabes - dijo - cuando los chicos se rieron de mí aquella vez, cuando estaba cantando, hui de allí y lloré toda la noche. Me dije: ¡aquí también son antisemitas! No hay ninguna diferencia. Ellos tampoco quieren oír hablar de judíos. ¿Qué les falta? ¿Qué saben ustedes?
¿Qué saben ustedes? - repitió - ustedes dicen que los judíos y los israelíes son un mismo pueblo. Pero no, eso no es cierto - - -
No me había imaginado que de esa manera se concretaría la verdad en su mente. Que sabría expresar como... ¡aquello tan horrible que había ocurrido en la Fiesta de la Independencia!
 ¿Sabe? - dijo - esa noche, decidí dejar de aprender hebreo. ¿Para qué necesito yo el hebreo? ¿No hablo ya suficientes idiomas?
¿Para qué necesito entenderlos a ustedes? ¿Nos entienden ustedes a nosotros? Sólo hace poco regresé nuevamente a los estudios...
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De pronto se percató de mi angustia y quiso salvarme de ella. Trató de quitármela. Dijo: y vi que los amigos no se rieron de mí. Sólo los jóvenes. Pero ¡ustedes son los padres de esos jóvenes! Y no agregó nada más.

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