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Fuentes y filosofía/
Purim

Brener y Alterman

En 1910, como parte de un análisis de la singularidad de Bialik y Tchernichovsky en la literatura hebrea, Brenner escribió lo siguiente, basado en la crítica a la existencia judía en la diáspora y la afirmación de que se trata de una situación en la cual la gente todavía espera regresar a la independencia en su tierra natal. Por lo tanto, el pueblo judío en estos momentos no está en la diáspora sino en el gueto, y en el gueto nadie tiene necesidad de ello. La solución es salir del gueto a una vida laboral en nuestra propia tierra en Eretz Israel: la negación de la diáspora y el retorno a la situación natural de un pueblo que labra su tierra.

Desde el sendero. Y.H. Brenner

Recordad, hijos de Israel, recordemos, no lo que nos hicieron, sino lo que somos. No veáis grandeza en nuestra historia, no veáis grandeza en un lugar que no existe. No empecéis con la segunda destrucción, la podredumbre empezó aun antes, antes de la destrucción del Templo… Siempre hemos estado exiliados y dispersos por los cuatro confines de la tierra, sin arar, sin sembrar ni cosechar, siempre, siempre... La diáspora, toda nuestra historia, no es sólo pena y desastre sino, fundamentalmente, el pecado de nuestros padres y el nuestro, el crimen de las generaciones y el nuestro, ¡tanto el castigo como la culpa! Todas las naciones, sean lo que fueren, sea el espíritu lo que fuere, son las que se han creado a sí mismas, las que han pecado por sí mismas, las que han vivido, trabajado, muerto y renacido por derecho propio. Son hijos de una mujer, pero también son seres humanos. Sus tierras, sus ciudades, sus cualidades, sus campos, sus fábricas, sus obras de arte, sus bibliotecas; todo, todo es fruto de su trabajo, de su esfuerzo, el de sus padres y el de ellos, de ayer y de hoy... ¡Y tienen mucho! ¡Ellos tienen cultura! Tienen un punto de apoyo en la vida. ¡Aprended de ellos! ¡Imitadlos! Porque nosotros, hijos de un pueblo antiguo y grandioso, ¿qué somos y qué es nuestra vida? ¿Qué hemos creado? Hemos sido proxenetas, tanto del dinero como del espíritu. ¿Con qué hemos lidiado durante la mayor parte de nuestras vidas? ¡Autodefensa! ¿Qué hemos hecho? ¡Siempre nos hemos visto activados e influidos! Siempre hemos sido, a pesar de nuestro necio orgullo, nada más que un medio, nada más que un inventario de funciones conocidas. Nuestra historia es la larga historia de un siervo perezoso que recibe comida y es azotado con látigos...

Pero no chirriemos los dientes por la maldad de los demás...

…¿Podemos sentir respeto por nuestra forma de ser? ¡Adelante, entonces, con la acusación general, basta de culpar al mundo entero! Desde los tiempos de Yavne, e incluso antes, hemos sido personas extranjeras y errantes, sin tierra y sin trabajo, proxenetas, dependientes de otros, y sin embargo irritábamos a los demás. ¿Por qué no es de extrañar que nos odien? ¿Es de extrañar que los gitanos del mundo se hayan convertido en un anatema para todos? ¿Y es de extrañar que al final de las tormentas hayamos llegado a una crisis y que ya no tengamos fuerza? ¡Ahora, cuando ya no necesitamos a Europa! No es de extrañar que, después de deambular durante miles de años en negocios vanos, somos pobres y carentes de todo, bajo la lluvia y el viento, como si hubiéramos nacido ayer...

…Aquí está nuestra nación, nuestros diez millones de personas, con sus diásporas y sus ámbitos, que no se plantean la cuestión de la conversión, sino la posibilidad de vivir, de la vida elemental y la cultura elemental; todo nuestro pueblo pende del aire y está agobiado por su pecado histórico: la falta de tierra y la falta de trabajo productivo... Y si podemos enmendarnos, no es por el resurgimiento de la profecía o el hallazgo de nuevos contenidos para el antiguo Beit Midrash, sino sólo a través de la tierra, el trabajo y el estudio hacia los pueblos vivos, los verdaderamente vivos, los herederos de Grecia y Roma...

...No somos hijos de la diáspora, sino del gueto, y podemos dejar de serlo sólo adquiriendo la tierra y cultivándola, un trabajo auténtico. Sólo así dejaremos de deambular en vano, y entonces, ojalá seamos como todos los pueblos...

…El gueto es un lugar en el que no se realiza un trabajo minucioso y tampoco se nos permite hacerlo; por eso no estamos conectados a él, por eso no puede ser nuestra patria, por eso no podemos dejar de sentir que somos extranjeros en él, que todo son mejores que nosotros; por eso, la aparición de pogromos en él no es en absoluto algo infrecuente e inusual, algo que no se compadece con la situación... sino más bien al contrario...

…No nos salvaremos de la maldición del gueto mientras los mejores y más talentosos de nosotros no sostengamos una pala y un arado...

Y, si hay esperanza de que nos liberemos en algún momento de la maldición del gueto, aunque más no sea en cierta medida y aunque más no sea una pequeña fracción de nuestro pueblo, no será posible sino a través de una revolución radical en nuestra vida, en nuestra índole, mediante la creación de trabajo hebreo en la tierra que nos pertenece...

La misión de la población judía que creamos en Eretz Israel es educar a judíos libres, gente de trabajo...

Ésa es nuestra misión y ésa es nuestra "cuestión central". Esto es todo.

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Durante la Segunda Guerra Mundial, más de 30 años después de las palabras de Brenner, en "La séptima columna" que publicaba en Davar, el periódico de los trabajadores de Eretz Israel, Natan Alterman nos recuerda que la existencia judía que continúa en la diáspora todavía necesita el encuentro histórico entre Amán y Mordejai.

El General Amán. Natan Alterman

"En Bobruisk se rindió el general nazi Amán"

 

Una noche azulada,

simple,

en Bobruisk.

Comandante Piotr Shvisky.

El centinela se yergue

y exclama, entrenado:

¡Traer al prisionero!

Y llegó Amán.

 

Entra un general

con la ropa revuelta

y ve: el interrogador está sentado frente a él.

La electricidad ilumina las hojas del informe

y a la derecha del interrogador hay

un joven oficial.

 

El interrogador plantea las preguntas marcadas.

Y responde al interrogador

el General Amán.

Pero no se vuelve hacia él, porque, engrillado, mira

sólo hacia el joven oficial frente a él.

 

De pronto, el prisionero se aferra a la silla

y dice: ¿Cómo se llama este oficial?

Me parece que nos conocimos hace tiempo, hace mucho tiempo...

Me parece que ya teníamos algo en común...

Eso dice el general Amán.

 

El interrogador Piotr Shviski

responde:

Falsa impresión,

el oficial es un joven de Bobruisk,

su nombre no te dirá nada. Pero cómo no...

Se llama

subteniente Mordejai Esterson.

 

El general Amán frunce el ceño:

¿Mordejai? ¿Mordejai?... No lo conozco... No entiendo...

 

Entonces Mordejai dice al interrogador:

Lo sabías bien. No soy un místico, hermano,

pero, ¡escucha! No conocía el significado de lo oculto...

También mi corazón me dice que alguna vez nos habíamos encontrado.

Veo la profundidad de espacios y tiempos

y ese hombre y yo estamos allí, ¡cara a cara!...

¡No soy un místico, no! Pero un escalofrío helado...

Disculpe, amigo, continúe interrogando.

 

El interrogador responde bromeando: Está bien, amigo.

Deben haberse conocido

en otra reencarnación...

 

Así bromeaba el Comandante

Piotr Shviski.

alrededor estaba la noche,

azulada,

en Bobruisk.

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