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Fuentes y filosofía/
Janucá

Zvika

El cántaro de la harina no faltará

Palmajim, 1977

En Janucá dedicamos mucho tiempo a la harina y el aceite.

¿Qué sería de esta fiesta sin las sufganiot y sin los buñuelos bañados en aceite?

Echemos un breve vistazo a dos recipientes antiguos que nuestros antepasados usaban para ​conservar la harina y el aceite en los tiempos bíblicos, muchos años antes de celebrar la festividad de Janucá.

Hoy en día usamos diversos tipos de envases de plástico, de vidrio y de metal para almacenar la harina y el aceite; no así nuestros antepasados, cuyos utensilios domésticos eran en su mayoría de piedra, arcilla y cuero.

El Libro de Melajim I [Reyes] nos dice que el profeta Eliahu, cuando huía del rey Ajav se ocultó en la casa de una viuda pobre en Tzidon [Sidón]. Cuando salió de la casa bendijo a la mujer:  "El cántaro de la harina no faltará y el matraz del aceite no disminuirá". ¿Qué es, en realidad, un cántaro, y qué es un matraz?

Resulta que las cosas no son tan simples. Hoy en día se suele pensar que el cántaro es un recipiente voluminoso y con cuello alto. Pero, ¿cómo debería verse realmente? ¿El cuello del cántaro es angosto o ancho, tiene boquilla o no la tiene? ¿Y qué hay del asa, es imprescindible?

Es de suponer que el cántaro mencionado en el Libro de Melajim estaba revestido de arcilla, y que para almacenar en él la harina para uso diario seguramente tenía una boca ancha y no angosta, para poder extraer la harina con una cuchara.

Tal vez tenía un asa pero la boquilla no era necesaria. Hoy en día se puede ver la Ciudad Vieja de Jerusalén diversos jarros y recipientes de plástico de todos los colores, y a todos los llamamos cántaros aunque ninguno es usado para almacenar la harina.

También la historia del matraz  es un poco extraña. Según la fuente que he mencionado, es obvio que en tiempos bíblicos el matraz se usaba para conservar el aceite. Tratemos de pensar en términos de aquella época, en la cual el mobiliario en las casas era bastante precario y el dueño de la modesta vivienda se sentaba en el suelo sobre una estera o alfombrilla de lana sin  estantes para libros, escritorio ni sillas. Por ello era natural que el recipiente para el aceite –que era un producto muy caro– no podía "rodar" por todas partes ni estar apoyado en el piso. Era preferible colgarlo en el rincón para cocinar con un cordón de cuero o una cuerda hecha de fibras vegetales. Por consiguiente, es lógico que el recipiente para el aceite fuera plano y estuviera apoyado en la pared, para que no sobresaliera y no tropezaran accidentalmente con él los niños, el asno o una cabra que anduvieran por la casa.

Por lo tanto, podemos suponer que el matraz era como una cantimplora de hoy, es decir, un recipiente voluminoso con dos asas de cualquier tipo.

En esta ocasión vale la pena señalar que esta clase de recipiente se menciona sólo en la Biblia, desde entonces su nombre se ha perdido para siempre. En fuentes más tardías no es nombrado en absoluto, y sólo se ha conservado un remanente de él en la forma del pastel de miel redondo y chato que tiene la forma del antiguo matraz para aceite.

Palmajim, 1977

 

Categorías: Fuentes y textos, estudio, la Edad Moderna y el sionismo, reflexión

 

Palabras clave: Aceite

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