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Fuentes y filosofía/
Día del Perdón

Mataniá Yedid

El libro de Ioná

El libro de Ioná: el arrepentimiento y Iom Kipur

 

No es casualidad que leamos el libro de Ioná en Iom Kipur. La manera en que atraviesa Ioná su balance del alma debiera ser también la nuestra.

 

No todos los días se nos presenta la oportunidad de estar tan cerca de nosotros mismos. Plantarnos por un día y preguntarnos, con toda la determinación, qué hicimos y qué no hicimos. Qué pensamos y qué no pensamos. Cómo nos comportamos y qué omitimos. Un balance del alma tan personal, tan incisivo, sin concesiones y sin barreras. De esa manera decirnos todo de la manera más explícita:

 

"Por el pecado que hemos cometido frente a ti, despreciando a nuestros maestros y a nuestros padres". Sí, también las bromas a costa del maestro o del docente, también de eso nos arrepentimos.

 

"Por el pecado que hemos cometido frente a ti por medio de ocultos designios de nuestro corazón." Los aspectos más internos, las reflexiones de nuestra alma, también sobre eso debemos rendir cuentas ante nosotros mismos, y así, desde una plegaria, desde los latidos del corazón, una y otra vez, podremos tomar nuevamente buenas y verdaderas decisiones, totalmente desprovistas de mentira o simulación, de que debemos cambiar y modificarnos a nosotros mismos.

 

Todo ser humano debiera realizar este balance del alma; nadie está exento. No hay nadie que en el Día del Juicio quede exento de la pregunta: "¿Por qué actué de esta manera?" Como después de los 120 de edad, también en este día absolutamente todos pasamos ante Él como ovejas en el conteo y respondemos a estas preguntas.

 

¿De verdad sentimos este Día del Juicio? ¿De verdad sentimos que se nos formulan estas preguntas? ¿Sentimos que estamos ante un Juez, que hay un fiscal y un defensor, y que nos estamos jugando a vida o muerte? ¿Es esa la sensación que tenemos en este día?!

 

 

No cuestiono la sensación de que existe un ambiente especial en este día: todos sienten que no se trata de un día común, pero, ¿día de juicio? ¿Vida y muerte? Creo que la mayoría carecemos de una sensación semejante. ¿Por qué? ¿Por qué no experimentamos una sensación parecida en este día?

 

En mi opinión, la respuesta es sencilla.

 

No se puede cambiar todo en un solo día, dar vuelta nuestras sensaciones en un solo momento.

 

El trabajo de Iom Kipur no comienza a las 17.20 de la víspera del primer día. Comienza mucho antes y no solo en el tiempo sino en la voluntad de la persona. Quizás especialmente en la voluntad.

 

Iom Kipur expía nuestras faltas, exime al hombre de castigo y da la absolución. ¿Pero el hombre cambia? La persona que ha atravesado Iom Kipur, ¿es realmente una persona nueva? De ninguna manera. Él no recibe castigo, pero puede volver al pecado muy rápidamente. No se ha desconectado de su mundo anterior y no ha hecho un verdadero trabajo de cambio. Así separa el Rabino Soloveicik en su libro "Del arrepentimiento" entre expiación y purificación, entre Iom Kipur que expía en cualquier caso, y purificación, que el hombre debe hacer por sí mismo.

 

No por nada se lee el libro de Ioná en Iom Kipur. El proceso de huida, plegaria y arrepentimiento que nos describe el libro, nos habla de las transiciones que atraviesan incluso los más grandes de Israel y sus profetas. Las tremendas luchas internas, las tensiones y la capacidad de arrepentimiento es lo que nos enseñan Jazal (Nuestros Sabios de Bendita Memoria), con su determinación de que precisamente este libro sea leído en este día.

 

¿Quién es Ioná? ¿De dónde viene? ¿Y cómo puede ser que un hombre que ha llegado a un nivel tan alto de profecía ("Ningún ojo ha visto a D'os más que el tuyo"), huya del Santo Bendito Sea?

 

Así nos describe el midrash en los Salmos la personalidad de Ioná hijo de Amitai:

 

"Hijo de Tzarfat la viuda era Ioná hijo de Amitai": era un justo completo, fue pasado por deglución de peces y por abismos oceánicos y no murió, sino que entró vivo por su honor en el Paraíso".

 

Aquel relato referido al profeta Eliahu, que resucitó al hijo de una viuda, ese hijo era Ioná hijo de Amitai. Ioná nació de la fuerza de la resurrección de los muertos, de ese evento futuro por el que rezamos y que esperamos: de esa fuerza vivió Ioná su vida y quizás eso también explica cómo descendió a la profundidad del mar y continuó viviendo. En cualquier caso, la muerte no lo controla: "Ingresó en vida y por su honor en el Paraíso". ¡Qué vida inefable! Es una vida del existir en el Mundo Venidero.

 

Todo ello refuerza aun más la pregunta por la huida, y del deseo de morir en el relato de la planta de ricino. ¿Qué lo llevó a semejantes actos? ¿Qué lo llevó a retener su profecía e intentar supuestamente huir de D'os? Una mirada a la personalidad de Ioná hijo de Amitai en el libro de Ioná nos responderá a estas preguntas y echará luz sobre la relación entre arrepentimiento, Iom Kipur y este libro.

 

El libro de Ioná está dividido en cuatro capítulos:

 

El primer capítulo habla de las órdenes de D'os a Ioná y de la huida de este.

 

El segundo capítulo habla de las plegarias de Ioná.

 

El tercer capítulo trata de las instrucciones de D'os a Ioná por segunda vez. Esta vez, Ioná cumple la palabra de D'os.

 

El cuarto capítulo trata de las palabras de Ioná a D'os y el relato de la planta de ricino.

 

¿Qué cambió entre el primero y el tercer capítulo? ¿Por qué Ioná decide cumplir la palabra de D'os en el tercer capítulo? ¿Fue solo por miedo a la muerte? ¿Por su temporada en el vientre del pez? ¿O fue porque ha atravesado por cierto proceso en su estadía en el mar, un aprendizaje especial, estando en el vientre de la criatura marítima? Existe una controversia entre los exégetas acerca de si dicha estadía en el vientre del pez fue sufrimiento o, por el contrario, una gran visión y elevación. Así, efectivamente, describe el "Capítulos sobre las palabras de Elazar" su temporada en el mar:

 

"Entró en su boca como un hombre que entrara a la Gran Sinagoga, y frente a él dos ojos como enormes ventanas transparentes que iluminan a Ioná y le muestran todo lo que hay en el mar y sus abismos. Y le mostraron una colosal montaña de las aguas del océano. Y le mostraron el Mar Rojo por el que pasó Israel… Y le mostraron rompimientos del mar y las olas que de él salen… y le mostraron columnas de tierra y sus ciudades, y le mostraron las que serán construidas… y le mostraron las profundidades del Infierno y le mostraron el Santuario de D'os y le mostraron la Piedra Fundamental…"

 

Este relato describe a Ioná en el intestino del pez como un proceso de contemplación, de una revelación de otros mundos que por encima de la tierra no se pueden ver. Ioná desciende a las profundidades del océano a contemplar la Creación y descubrir nuevas dimensiones. En mi humilde opinión, hay aquí un notable paralelismo con la respuesta que da D'os a Job. Cuando D'os le da su respuesta a Job, no responde directamente a sus preguntas.

 

Él no se refiere a las preguntas por los sufrimientos terribles de Job a pesar de su devoción por D'os, sino que D'os pide a Job contemplar la Creación que ha realizado y responder a las preguntas más simples:

 

¿Dónde estabas tú cuando Yo eché los cimientos de la tierra? Indícamelo, ya que tanto sabes.

 

¿Quién determinó sus medidas, si lo sabes? ¿O quién extendió sobre ella cordel?

 

¿Tú has dirigido a la mañana desde que tus días empezaron? ¿Has hecho conocer al alba su lugar?

 

¿Sabes tú el tiempo en que las cabras montesas de la roca paren? ¿O has presenciado los dolores de parto de las ciervas?

 

No hay aquí una respuesta a Job sino la grandeza de mostrarle las proporciones entre el hombre y D'os, frente a quién estamos. Ioná desciende a las profundidades del mar y, como Job, se le pide responder a una simple pregunta:

 

"¿Quién eres tú y quién es D'os?"

 

Tu punto de vista, ¿es el único que hay? ¿Tu ángulo de visión es realmente el centro? ¿O hay una diferencia entre tú y D'os? ¿Acaso tú, un ser humano, con todos tus deseos, tus pasiones y tus aspiraciones, estás dispuesto a anularte tú y tus pensamientos frente a algo más grande y sublime que tú? Tanto Job como Ioná atraviesan este proceso educativo por el cual el Rey del Universo les muestra que: "No es Mío vuestro pensamiento, ni vuestros caminos son los Míos". Intentarlo por medio de la Creación, de su grandeza y de su enorme magnificencia. Ioná en las entrañas del pez en las profundidades del mar descubre que la misma fuerza que creó el Universo lo calcula todo, cada detalle de modo exacto, y si le ordena acudir a Nínive y profetizar ante ellos, es un acto que se debe hacer. Ioná, que era profeta, sabía todo esto. Estaba conectado con D'os por medio de la profecía. Y sin embargo decide huir, y allí le muestra D'os la grandeza de la Creación como nunca la había visto. Y solo entonces, Ioná está dispuesto a ir. D'os no le deja tampoco duda alguna de que Él es quien decide quién y adónde irá. Ioná no pensó que la profecía no sería cumplida, sino que no quería ser él quien la anunciara, y por eso quiso huir. No quiso ser el profeta que hiciera arrepentir a un pueblo gentil cuando los propios Hijos de Israel no se arrepienten, como han explicado muchos exégetas la huida de Ioná. Pero en las entrañas del pez entiende que tampoco eso puede ser evitado, que deberá ser él quien vaya, y ningún otro. Porque solo si sabes el tiempo en que las cabras montesas de la roca paren y si has dirigido a la mañana desde que tus días empezaron, solo entonces podrás entender también todos los demás cálculos acerca de por qué tú, por qué a Nínive, etc.

 

Aquí es donde se presenta toda la grandiosa majestad divina, el poder inefable en palabras simples y naturales de este mundo, y en las palabras más altas. Todo está calculado con exactitud.

 

La diferencia entre el primer capítulo, en el que Ioná se niega a ir a Nínive, y el tercer capítulo en el que acepta ir, se expresa aquí en la voz imperativa de D'os hacia Ioná. En el primer capítulo la voz imperativa es: "Y fue la palabra del Eterno a Ioná hijo de Amitai, que decía: "Levántate y ve a Nínive, esa gran ciudad; predica contra ella porque su maldad ha subido ante Mí". Aquí hay un argumento en boca del Creador de por qué va a destruir Nínive: "porque su maldad ha subido ante Mí".

 

En el tercer capítulo, la segunda orden se expresa así: "Y fue la palabra del Eterno a Ioná por segunda vez, diciendo: "Levántate y ve hacia Nínive, esa gran ciudad y predica allí lo que te ordene". Aquí no hay explicación, sino solo la orden: ve a Nínive y diles lo que yo quiero que digas. En el primer capítulo hay supuestamente una participación de la persona en el acto divino, hay pedido y consulta. En el tercer capítulo solo está la orden. Este es el aprendizaje que atraviesa Ioná. La rendición total a la voluntad de D'os es el aprendizaje por las buenas que atraviesa Ioná. El proceso de cambio drástico que atraviesa Ioná entre el primero y el tercer capítulo se expresa en la oración que aparece en el segundo capítulo, en el que describe la transición entre la huida y el regreso. Allí se describe en detalle el viaje que realiza en las profundidades del océano:

 

"Porque Tú me arrojaste a las profundidades, en el corazón de los mares… La profundidad me circundaba… Bajé al fondo de las montañas… La tierra con sus cerrojos…".

 

La plegaria comienza con la confesión, continúa con la explicación de la oración y las profundidades, y termina con la promesa de Ioná de cumplir con la palabra de D'os:

 

"Pero yo te brindaré sacrificios con la voz del agradecimiento. Lo que he jurado lo he de cumplir. La salvación es del Eterno."

 

Y como en el midrash en "Capítulos de las palabras de Elazar":

 

"… Oró, pero no obtuvo respuesta, hasta que salió de su boca esto: 'Lo que he jurado, he de cumplir'".

 

La oración y la disposición de aceptar el mandato divino mostró que algo había cambiado, que Ioná ya está dispuesto a ir a Nínive como Ioná, el profeta de D'os, pase lo que pase.

 

Pero supuestamente, todo se invierte otra vez: Nínive se arrepiente. El acto de enunciar la profecía tiene éxito y Nínive se volvió buena. Pero Ioná no está conforme y pide morir. No una vez sino dos. La primera, luego del arrepentimiento de Nínive. La segunda, luego del desecamiento de la planta de ricino. ¿Cuál es la prueba del ricino? ¿Cuál es el aprendizaje que D'os quiere transmitirle a Ioná?

 

Luego de profundizar en el relato de la planta de ricino, resulta que se trata de la lección central, que el Creador quiere impartirle a Ioná. Cuando el ricino se le aparece a Ioná, él "quedó muy contento con el ricino". Es la alegría de un hombre cansado y agotado, que quiere descansar, que quiere acostarse bajo la sombra del ricino y dormir. Si imagináramos un profeta, no nos lo imaginaríamos así. Existe aquí una pista hacia un mundo invertido del de "el hombre para el trabajo nació". Entonces se le arrebata a Ioná el ricino y pide morir con otras palabras: está dispuesto a vivir solo con el ricino. No tiene vida sin el ricino. Cuando estaba en el vientre del pez no pidió morir, pero ahora sin el ricino, pide morir. ¿Por qué?

 

El Gara (Gaón Rabi Eliahu), en su exégesis de Ioná, lo explica muy bien: el ricino simboliza este mundo: la riqueza, las pasiones, los placeres. Se está muy bien debajo del ricino y es muy tentador. A veces parece, incluso, que todo el mundo, toda la vida, no fueron creados más que para esto. "Come y bebe, pues mañana moriremos." La vida tiene sentido solo si comemos y bebemos. Lo más importante para nosotros en el mundo –el Creador, la Torá y los preceptos- no son visibles en el mundo, pues el mundo los oculta. En hebreo, olam (mundo), proviene de haalam (ocultar, mantener en secreto). El mundo oculta la verdad. Solo la persona que contemple como es debido e investigue y pregunte, llegará a la verdad. Pero la persona que viva su vida como un "caballo al galope ciego" –tal como lo describe "La senda de los rectos"- no distinguirá la verdad, sino que pasará a su lado concentrado en otras cosas- Ioná intenta contener su profecía, huir y ocultar la palabra de D'os.

 

Él utilizó trucos de este mundo y le retribuyeron con trucos de este mundo. Le dieron al final su cometido: un ricino, un gran árbol de frondosa copa que todos los convalecientes de Israel se sientan bajo él como está dicho en la Guemará, en Shabat (21, pág. 1) allí se sientan los enfermos y aquellos cuyas vidas no son vida, entonces Ioná está muy contento por ello. Quizás le permitan huir. Se duerme allí en la noche como en el vientre del barco a la hora de la tormenta, pero aquí el Creador se encarga de despertarlo. Seca el ricino y le muestra que las cosas que este mundo muestra tan bonitas son de la clase "de día están y de noche ya no están", pues esa es la manera en que las cosas ocurren en el mundo, y lo único eterno es la palabra de D'os, y ella existirá siempre, y si tú eres el profeta, debes ir a Nínive y hacerlos arrepentir. Ninguna huida te servirá, ni siquiera el intento de morir ahogado en el mar.

 

Todo ser humano, por el mero hecho de serlo, posee una misión. Todo ser humano es un emisario… Un emisario para un rol determinado que solo él puede llevar a cabo. Él tiene las fuerzas necesarias para realizar esta misión específica. Le fueron dados todos los medios para ejecutarla de la mejor manera. Y en el momento en que se termina su misión, de hecho, termina aquí su vida.

 

El midrash cuenta de Boaz, que en la misma noche que vino a Rut para que nazca al final David, esa misma noche murió. Esa era su misión, y dado que la llevó a cabo, culminó su función en el mundo.

 

En cada Iom Kipur debemos preguntarnos si estamos llevando a cabo la misión, si tenemos una razón para continuar existiendo, para llevar adelante nuestra función con todos los medios que nos fueron dados. Iom Kipur es el momento para un verdadero balance del alma, en el que el ser humano se presenta ante sus propias buenas y malas acciones y ofrece, en especial a sí mismo, un "informe de situación", intentando mejorarse a sí mismo con vistas al próximo año. Este proceso, tal como lo dijimos, no comienza en Iom Kipur. Comienza mucho antes, y con más ímpetu desde el mes de Elul en adelante, de modo que en Iom Kipur tengamos la sensación de un verdadero Día del Juicio. Como un día de revisión verdadera acerca de dónde estoy parado y qué es lo que hago, un día para un nuevo comienzo, mejor para todos nosotros. 

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