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Fuentes y filosofía/
Shabat

Shimón Sh.

Ideología, cultura y Shabat

Esta vez quiero escribir (cosa que no me ocurre a menudo) sobre una cuestión que me preocupa desde hace ya algunos años, y, aunque no es especialmente actual, creo que haríamos bien en tratarla. Me refiero a un tema que defino como la vida cultural de nuestro kibutz, en particular el Shabat.

 

Cuando iba a la escuela, y en mi época de movimiento juvenil, escuché y leí muchas definiciones de cultura. De todas las definiciones aprendí una cosa: que la cultura de una sociedad es la expresión práctica y espiritual que ella da, tanto en los días hábiles como en los festivos, a los valores en los que cree.

 

Aprendí algo más: que la cultura del ser humano y la sociedad es mucho más importante que su ideología, pues la ideología está reservada a los pensamientos del individuo y los discursos en los días de fiesta, mientras que la cultura vive y palpita en todo momento y en todo lugar. Cuando me topé con las contradicciones entre ideología y cultura, la experiencia me enseñó que existe la falsedad en la ideología, y no en la vida cultural.

 

Daré un ejemplo para ilustrar mi idea: tomemos, por ejemplo, una sociedad que se jacta de enarbolar el valor de la igualdad, una sociedad que cree en el respto al ser humano por el solo hecho de serlo. Y digamos que pasamos un día en el seno de esta sociedad, y vemos a personas que pasan unos al lado de los otros y no se saludan; participamos en un diálogo entre algunos miembros de dicha sociedad, y resulta que uno no permite al otro expresarse, se interrumpen mutuamente, se atacan, y dicen lo que piensan sin considerar la opinión del otro. Podríamos preguntarnos, al término de nuestra visita: si ustedes creen de verdad en el valor de la igualdad del ser humano, ¿por qué no lo expresan en sus vidas? ¿Por qué hay aquí una contradicción entre su ideología y sus actos? ¿O no sienten ustedes en absoluto la contradicción?

 

Creo que el gran examen de nuestro kibutz y del movimiento kibutziano en su conjunto está dado por nuestra capacidad de construirnos una vida cultural verdadera, que exprese nuestra ideología en nuestra conducta y en nuestro lenguaje cotidiano. Es una pregunta amplia e importante, y no hay posibilidad de abarcarla aquí por completo. Me conformaré con un pequeño detalle: el Shabat.

 

En la pregunta y en la respuesta por el Shabat se esconden varias soluciones para la base de nuestras vidas. Como sociedad judía y socialista no podemos dejar de dar una expresión propia a esta antigua institución. Permítaseme dar un ejemplo de diálogo entre un padre y su hijo en el kibutz (inspirado en "El principito", en interpretación libre mía):

"¿Qué es el Shabat?", pregunta el hijo.

 

"Es otra de las cosas que hemos descuidado demasiado", responde el padre, "se trata de un acto que diferencia un día del resto de los días, y que consagra un tiempo entre todos los tiempos. Si no fuera por el Shabat, todos los días se parecerían, y nunca gozaríamos de un día libre, ni tendríamos nunca una vivencia de festividad".

 

Ese es, según mi parecer, el primer valor del Shabat: la importancia de un día libre, no solo para el descanso y el esparcimiento, sino para dar sentido también al día de semana. Se trata de un sentido socialista, no solo social. Y el segundo sentido es el sentido judío. Ya dijeron otros antes que yo: en toda la historia del pueblo judío, el Shabat preservó a los judíos, no menos de lo que los judíos preservaron el Shabat.

 

Una sociedad trabajadora como la nuestra carga a las personas con pesadas obligaciones, pero debe haber un día –y dado que somos judíos, ese día debe ser el Shabat- en el que podamos, cada uno como individuo y todos como sociedad, elevarnos por sobre la rutina diaria.

 

Debemos retornar a las fiestas de Shabat, a la ceremonia del encendido de velas y al esparcimiento social compartido. Sé de los intentos que se han hecho respecto de las fiestas de Shabat, parte de los cuales han tenido éxito y en parte han fracasado. Creo que la razón principal de estos fracasos ha sido la actitud de la gente: vinimos y esperamos que alguien nos divierta y nos entretenga. Hay lugar para la diversión, con una condición: que nos divirtamos y nos entretengamos a nosotros mismos, que sea preservada la base de la creación independiente.

 

El Shabat sirve también para intercambios sociales que salgan de la rutina. Somos una sociedad grande y creciente, tenemos mucho que aprender y escuchar los unos de los otros, y no hay mejor oportunidad que el Shabat. Creo que, si la Comisión de Cultura reanuda las Noches de Shabat, y si la gente asiste con la intención de estar juntos y de dar sentido al hecho de que somos una sociedad que cree en la creación conjunta, podremos preservar el Shabat y estoy seguro de que, de esa manera, también el Shabat nos preservará a nosotros.

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