google-site-verification: google77f5fad91e8f4e96.html Introducción al Libro del Heroísmo
Fuentes y filosofía/
Janucá

Berl Katznelson

Introducción al Libro del Heroísmo

..."El poder de olvidar y de causar olvido en la historia judía es enorme. Se omiten muchos exterminios,  muchas hogueras, mucho temor a los déspotas y mucho destino de los vencidos. Y lo que no ha logrado el largo brazo de la censura externa fue alcanzado por la censura interna. ¿Ha llegados a nuestras manos una sola línea de la literatura de los zelotes? Las manifestaciones del heroísmo hebreo que no alcanzaron la victoria fueron condenadas al olvido. ¡El destino de los vencidos! Un niño judío podía pensar en Shimshón y en Guidón, en David y sus héroes, en los heroísmos del midrash Sefer Hayashar, pero incluso el heroísmo de los rebeldes Jashmonaim no fue atesorado y preservado en el libro hebreo original y su recuerdo quedó reducido a rumores, fragmentado y transformado en el milagro de la vasija de aceite. Y todo el heroísmo posterior a la destrucción del Mikdash, cualquier intento de eliminar la servidumbre del galut, los tremendos sacrificios de los intrépidos combatientes que no se resignaban a aceptar el reino del mal, quedaron limitados a relatos borrosos y palabras ininteligibles, y se conservaron como flores secas entre los pliegues de la Agadá y la Halajá.

Tan sólo con el pregón del sionismo una nueva luz iluminó al heroísmo judío derrotado y relegado. Los olvidados hijos de Metzada fueron redimidos de una lengua extranjera, Rabi Akiva nos fue revelado no sólo como un anciano sentado en una yeshiva sino también como el profeta de la rebelión. Bar Koziba regresó a la conciencia del pueblo como Bar Kojba.

Las gigantescas figuras de Rabi Akiva y Bar Kojba (exentos de los contrastes entre Rabi Yojanan ben Zakai y los zelotes) simbolizan los dos cauces del heroísmo israelí posterior a la destrucción –el del espíritu consagrado y el del brazo relegado– que unas veces fluían aunados y otras por separado.

Durante cientos de años después de la destrucción, el destino no deparó victorias como las de los Jashmonaim a la gente de Metzada, ni a Shemaya y sus hermanos, ni a Bar Koja ni a los demás rebeldes que surgieron en el seno del pueblo judío, uno tras otros, tanto en Israel como en sus alrededores. La luz del heroísmo victorioso se derrama sobre las figuras de los Jashmonaim: "A poderosos en manos de débiles, a malvados en manos de justos y a lascivos en manos de los que se dedican a Tu Torá". ¿Hay un himno de victoria más grande que éste? Una trágica gloria  de heroísmo vencido rodea a los combatientes de Metzada: "Fuimos los primeros en alzar la mano contra ellos [los romanos], y somos los últimos en seguir luchando contra ellos... Sabemos con certeza que mañana advendrá nuestra desgracia, pero tenemos la posibilidad de optar por una muerte heroica... Que nuestras mujeres muerran antes de ser profanadas, que nuestros hijos mueran antes de conocer el sabor de la esclavitud"...

Éste es el destino del heroísmo judío desde la destrucción del Mikdash. En esencia, no hay diferencia entre el destino de los rebeldes en la Galilea y el destino de los defensores de Tulchin, quienes se enfrentan a Mahoma y quienes se atrincheran ante los cruzados, quienes se rebelan contra el Imperio Romano y quienes entregan la vida por su fe. El destino de unos y otros estaba sellado desde el primer momento. Su heroísmo es totalmente trágico. No como las tragedias de Shimsón y Shaul, quienes podían consolarse en su caída con que la victoria no estaba muy lejos. El heroísmo hebreo desde la destrucción es un heroísmo sin posibilidades de victoria, el heroísmo de creyentes ante quienes Dios ha ocultado su faz, para ver si su fe y su lealtad permanece; es el heroísmo de los torturados que saben qué les espera en el duelo contra muchos, impuros y malvados, y avanzan hacia él. Es el heroísmo del pueblo de Job, que aun cuando riñe con Dios, dirige la mirada hacia adentro, para no ser vencido en lo mas recóndito de su corazón y para no pecar en la conciencia. La plegaria especial por Kidush HaShem (¡sí, esta plegaria existe!) no busca refugio y salvación, ni alivio del sufrimiento, sino santidad y pureza y la capacidad de resistir la prueba: "Tú conoces lo que se esconde en mi corazón".

El heroísmo hebreo después de la destrucción obtuvo una sola recompensa: estar en paz consigo mismo. Es un heroísmo sin cálculos, sin retribución en este mundo; un heroísmo que proviene sólo de una necesidad interior.

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Pero el heroísmo de Israel está hondamente entrelazado con la vida de la nación. Y aunque no haya quedado registrado en libros, está grabado en las profundidades del alma. El fundamento del heroísmo es uno de los secretos de la existencia judía. Es imposible revivir la vida de Israel, entre religiones agresivas y reinos en disputa, entre sectores rivales y revoluciones, siempre en las fauces del peligro, sin heroísmo. Si no fuera por este heroísmo pertinaz, ¿tendríamos fuerzas para esperar la victoria que algún día habrá de llegar?

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El corazón se pregunta: ¿Qué destino aguarda al heroísmo hebreo con la renovación de la vida en la tierra patria? ¿Lograremos renovar aquí el heroísmo de los Jashmonaim, cuya retribución radica no sólo en su conciencia, sino también en su victoria?

"De generación en generación, no se ha vertido sangre tan pura como la de las arboledas de Tel Hai". Pero no como rebeldes desesperados ni como los náufragos de la Inquisición mueren en Israel labradores y defensores. La tristeza de su muerte es el dolor de Shaúl y de Yonatán, que instauraron la libertad de Israel. Con sus vidas y también con su muerte, nos dicen: "¡Consolaos,  consolaos, pueblo mío!"

Introducción al Libro del Heroísmo, Tevet, 5701-1941

 

En la introducción al Libro del Heroísmo (una antología dedicada al heroísmo judío a través del tiempo), Berl Katznelson lamenta la autocensura del judaísmo en el galut ante las manifestaciones de heroísmo después de la destrucción, un heroísmo que no tiene retribución externa sino tan sólo la de la conciencia en paz. Pero en la Tierra de Israel existe la esperanza de renovar el heroísmo de los Jashmonaim, que fue retribuido no sólo en la conciencia sino también con la victoria. Los labradores y los defensores que mueren en Israel no son rebeldes desesperados ni víctimas de la Inquisición, sino los instauradores de la libertad judía.

 

Categorías: Fuentes y textos, la Edad Moderna y el sionismo, reflexión, renacimiento y soberanía, heroísmo

 

Palabras clave: Fiesta del heroísmo sionista, Berl Katznelson, Macabim

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