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Fuentes y filosofía/
Shabat

Mizra 5726 (1966)

El que diferencia lo sagrado de lo profano

Ya nos hemos congratulado bastante con esta costumbre que hemos comenzado a arraigar en nuestro hogar: recibir al Shabat, y porque se los haya ordenado a los Hijos de Israel la Torá del Sinaí, y para muchos de nosotros sin siquiera haberse relacionado jamás con la cultura de Israel (y en realidad, ¿por qué no?!), sino porque hemos visto que es bello y apropiado dedicar una noche por semana a la festividad, al estar todos juntos una noche, felices por la semana que pasó, melancólicos o iluminados por lo hecho en los días de labor.

 

Tomará mucho tiempo, claro está, hasta que vuelva a profundizarse esta tradición nuestra, por supuesto que atravesará muchos cambios de color. Pasará mucho tiempo hasta los días en que el kibutz se reúna en las noches de Shabat en un clima de "esta noche es diferente de las demás noches de la semana", y desde ya está lejos el día en que se derrame un ambiente de sacralidad sobre esta cena conjunta, sin pasos ruidosos durante la ceremonia misma de Kabalat Shabat, sin murmullos ni charloteo, y con una plena participación en los cantos y melodías. Pero para que lleguemos a esas bellas noches de Shabat, que vendrán sin dictados desde arriba, sino "salidas del corazón", lo mejor es que mantengamos y cultivemos esta modesta ceremonia que acompaña el Kabalat Shabat. Pues es la naturaleza de toda ceremonia elevarnos de nuestra moderada rutina. Pero si convertimos a la ceremonia en rutina, arrastrará a toda la cena festiva consigo, y el Shabat se verá como alguien que no ha mudado su ropa de trabajo.

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