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Fuentes y filosofía/
Conmemoración del Holocausto

Elie Wiesel

Protesta y desafío

Ésta es la historia de un gueto que se acercaba a su fin y de un Shamash que había perdido su cordura.

El Shamash acostumbraba a entrar cada mañana a la sinagoga, subir al podio y gritar, primero con orgullo y luego con enojo: “¡He venido a informarte, Dios Eterno, que aquí estoy!”

Llegó la primera matanza y, tras ella, muchas otras. El Shamash salía siempre ileso y cada vez volvía a precipitarse al interior de la sinagoga, daba un puñetazo sobre la mesa y gritaba: “Ya ves, Dios, ¡todavía estoy aquí!"

Después de la última matanza, fue el único en la sinagoga desierta. Era el último judío con vida. Subió al podio por última vez, levantó la vista hacia el Arca Sagrada, murmuró unas bendiciones y gritó: “: “¡Ya ves, aún estoy aquí!” y, luego de un corto silencio agregó, con una voz ahogada y triste: "Pero ¿dónde estás Tú, ¿dónde estás Tú?”.

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