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Fuentes y filosofía/
Tisha BeAv

Zvi Shúa

Recordación de la destrucción

Costumbres de "Recordación de la destrucción": romper la copa y Tikún Jatzot

 

La destrucción de Jerusalén y del Templo en el año 70 marcó su impronta en la experiencia judía, y hasta hoy el pueblo de Israel guarda numerosas costumbres de recordación.

 

Me detengo brevemente aquí en dos de ellas. La primera: "Tikún Jatzot" ("Plegarias de medianoche"), una antigua costumbre –es difícil determinar cuándo comenzó-, la de despertarse a medianoche, colocarse una prenda rasgada, sentarse sobre la tierra a la luz de una vela parpadeante y lamentarse por la destrucción de Jerusalén. Entre Rosh Hashaná y Iom Kipur, hay quienes acostumbraban revolcarse en cenizas, al tiempo que se lamentaban por la destrucción. Para despertarse a tiempo acostumbraban atar un gallo (en general negro) a las patas de la cama, y el gallo atronaba con sus gritos a la hora señalada. En muchas comunidades acostumbraban los encargados de las sinagogas locales golpear con martillos las puertas de los feligreses, despertando a la gente para el Tikún Jatzot.

 

Hay quienes colocaban junto a la cama una especie de balanza. En un plato se colocaba una barra de hierro y en el otro un frasco lleno de agua con un pequeño agujero, a través del cual goteaba el agua. Durante la noche, el frasco se iba vaciando y se iba elevando lentamente; en cambio, la barra de hierro, contrapeso del frasco, iba bajando. A la medianoche culminaba el proceso, la barra de hierro caía al suelo con fuerza, haciendo un ruido fuerte que despertaba al dueño de casa.

 

La segunda costumbre: la ruptura de la copa por el novio bajo la jupá (paño ritual sostenido por cuatro palos bajo la cual se colocan el novio y la novia para la boda), en recordación simbólica de la destrucción. Algunos sabios habían buscado una relación con las palabras del Talmud que expresaban reservas de cualquier alegría exagerada, pues "después de la destrucción no se puede abundar en alegría, ni siquiera para cumplir un precepto".

 

El "Shulján Aruj", el resumen halájico autorizado del Rabino Yosef Caro, del siglo 16, aún no incluía esta costumbre en la Halajá (ley ritual); pero después de él, ya la encontramos como una costumbre obligatoria, y existen lugares en los que acostumbraban romper la copa durante la jupá, o bien colocaban un mantel negro u otros objetos de duelo en la cabeza del novio. La costumbre se amplió luego a una ceremonia de escritura de las condiciones del compromiso nupcial: la ruptura de un plato. Así se acostumbra también en nuestros días.

 

Lo que sorprende es que, en tiempos más antiguos, en las fuentes talmúdicas, esta costumbre no tenía en absoluto la misma significación. Si bien se tiene noticias de por lo menos dos sabios conocidos que rompieron caras copas en las bodas de sus hijos, la razón que se dio allí para hacerlo fue que los invitados hacían bromas y se alegraban demasiado y, dado que ello era visto como una catarsis, actuaron rápidamente para moderar esa inclinación natural "desaforada".

 

Más tarde se supo del derramamiento de vino en la ceremonia de la jupá y de quienes arrojaban un vaso de vidrio en el Muro Occidental. De ahí se infirió que todo el tema tenía relación, al principio, con creencias mágicas generales, según las cuales, en especial durante la conexión entre los sexos, los demonios acechan y los espíritus hacen daño a los novios, y para alejar el peligro, arrojaban y rompían con gran estruendo caras piezas de vajilla de vidrio.

 

Dicho sea de paso, también la costumbre del gallo en el "Tikún Jatzot" podría tener su origen en creencias populares relativas a la magia: tanto el gallo como el color negro tienen un lugar estelar en ellas.

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