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Fuentes y filosofía/
Shabat

Siete sabores sabáticos

De: “Llega el Baal Shem Tov”, selección y elaboración para niños de Tikva Sarig, págs. 46-48  

Siete sabores sabáticos en el pan duro

Cierto día, los discípulos del Baal Shem Tov le pidieron que les mostrara un hombre realmente justo. El Baal Shem Tov accedió y les dijo:

“Está bien, les mostraré a quien piden ver, con la condición de que lo observen en completo silencio”.

La noche de Shabat fueron a la sinagoga. El Baal Shem Tov les señaló a un judío pobre y andrajoso, que rezaba y su rostro era todo alegría. El judío terminó de rezar, salió y se fue a su casa.

El Baal Shem Tov y sus discípulos lo siguieron en silencio. El judío entró a una casita muy humilde, y ellos lo miraban por la ventana.

Al entrar a su casa, el judío exclamó con júbilo:

“¡Shabat Shalom, esposa mía, paloma mía!”

Su esposa le respondió:

“¡Shabat Shalom, amado mío!”

“Paloma mía, ¡dame el vino para Kidush!”

La mujer le mostró dos panes secos sobre la mesa, debajo de una servilleta blanca como la nieve:

“No tenemos vino para Kidush, querido esposo, hazlo con el pan…”

El judío hizo el Kidush con el pan y dijo con rostro que era todo alegría:

“Ahora, paloma mía, sirve el pescado…”

La mujer trajo una fuente de frijoles, sirvió en el plato de su marido y en el suyo. Se sentaron ambos y comieron, entonaron melodías y sus rostros resplandecían.

“Y ahora, paloma mía, trae a la mesa el caldo con ricas almendras flotando…”

La mujer le sirvió más frijoles y se sirvió ella también. Estaban sentados y sus rostros brillaban de gusto. Y sus cantos de Shabat llenaban el pobre hogar, florecían y salían por las ventanas y se elevaban al Cielo.

«Gracias a Dios», dijo el judío, «no nos falta nada: vino, pescado y sopa con almendras»...

La mujer le sirvió más frijoles en su plato y tomó también más para sí, y los dos comieron felices, como si tuvieran ante sí carne tierna y sabrosa, y demás manjares.

Y sus rostros cada vez brillaban más…

Cuando quedaron satisfechos, se pusieron a bailar y cantaban uno frente al otro:

“Qué dichosos somos, qué buena nuestra suerte y qué agradable nuestro destino”.

Cuando vieron eso los discípulos del Baal Shem Tov, estallaron en llanto y dijeron a su Rabí:

“Gracias, Rabí nuestro, que nos mostraste personas pobres que se satisfacen con poco y están contentos con lo que tienen, convierten pan en vino, y frijoles en manjares de Shabat. Y las voces de sus plegarias y sus melodías resuenan por doquier”.

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