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Fuentes y filosofía/
Tisha BeAv

Beeri Zimerman

Tisha y Castigo

¿Por qué el movimiento pionero abandonó Tisha Beav?

 

La pérdida de Tisha Beav en las "Vacaciones largas" no habría ocurrido, si no se hubiera perdido su memoria en el calendario comunitario-familiar en el kibutz y fuera de él. La concatenación de fechas que constituyen la vivencia judía, en la que no hay vacaciones largas, está dañado en nuestras comarcas en varios tramos críticos, de los cuales Tisha Beav es el primero.

 

¿Por qué ha sido borrada la memoria de Tisha Beav de nuestras comunidades? La respuesta aparece ya en los años '30 en la famosa columna de Berl Katznelson, "Destrucción y enajenación". Berl, miembro de la Segunda Aliá, portador de su antorcha en la carrera de un tiempo que corre como lluvia, está dolido por el hecho de que "una de las asociaciones juveniles ha fijado la partida de sus miembros a un campamento de verano en la misma noche en la que Israel llora su destrucción, su esclavización y la amargura de su exilio". Desde su dolor y amargura, buscaba las razones de este acto, y al final determinaba que se trataba de instructores juveniles "en cuyo mundo cultural falta el conocimiento y el sentir del día de destrucción", e incluso los defiende diciendo que "se puede decir en su defensa, quizás, la fórmula conocida: perdonadles, pues no saben lo que hacen".

 

Berl cae aquí en un error común, que suele afectar a los revolucionarios: una falta de entendimiento de su propia responsabilidad, la de mantener la memoria colectiva en la segunda generación, la que sigue a la revolución. En las palabras que dirigió a los instructores juveniles un tiempo después, volvió Berl al tema de Tisha Beav, en el contexto del debate que desató aquella columna, y de nuevo se notaba en ellas ese error esencial.

 

Con medios sumamente simples y en un breve tiempo, la memoria del pueblo supo inculcar un profundo duelo en toda "alma de Israel sobre la Tierra", se entusiasmaba Berl al describir la manera en que se mantuvo Tisha Beav a lo largo de la historia judía, y continúa, "todo órgano del cuerpo de la nación, si no ha sido amputado del todo, se envuelve de tristeza en ese día, se hunde en el pesar, encerrando en su corazón el sentido de la destrucción, el exilio y la servidumbre".

 

¿Se puede entender de estas palabras que Berl veía a esos instructores, a los que criticaba, personas del todo amputadas del cuerpo de la nación? ¡Por supuesto que no! Se refería, antes bien, a aquellos tiempos en que la única alternativa al duelo de Tisha Beav era la salida total, "la amputación completa", del marco del pueblo: asimilación, conversión, etc. En aquellos tiempos, no había nadie que estuviera dentro del pueblo sin "la noticia ni la sensación del día de destrucción". Berl sabía, que los años treinta del siglo veinte eran bien diferentes de los años treinta del siglo diecinueve.

 

 

No se puede decir de un instructor juvenil de Eretz Israel, que habla hebreo, que educa hacia la realización sionista socialista, que adscribe a Katznelson en su idea y en la elección de ponerla en práctica, que es un órgano "amputado totalmente" del cuerpo de la nación.

 

Sin embargo, aun cuando no llega en este punto a una autocrítica completa de la revolución de su tiempo, Berl señala aquí, de todos modos, e indirectamente, una posibilidad terrible: la amputación completa de un hijo de la revolución sionista, a pesar de ser un realizador, con su cuerpo, del mandato del sionismo y del movimiento obrero. Como en otros temas, penetró también aquí la mirada genial de Berl más allá del biombo del presente. Su imposibilidad de entender el problema profundo de la generación de los hijos, queda en segundo plano frente a su entendimiento histórico profundo del fracaso que le espera a quien se aleja o es alejado de los símbolos nacionales. ¿Hay relación entre la desaparición de Tisha Beav de nuestras vidas, y nuestros indignados balbuceos frente a las brutales calumnias del Rabino Peretz? ¿Acaso la falta de una autocrítica sincera acerca de la cuestión del judaísmo de nuestra comunidad no nos pesa, cuando ajustamos cuentas con los primitivos libelos de sangre que nos llueven desde la ultraortodoxia?

 

¿Acaso el haber cedido Tisha Beav a las manos del judaísmo rabínico no es paralelo al abandono de un entrañable concepto como "Eretz Israel" en manos de esos mismos judíos rabínicos? ¿Acaso no hay relación entre esta insensata renuncia y nuestra incapacidad de educar a nuestros hijos en el supuesto básico de nuestro derecho a toda la Tierra de Israel, una distinción en cuyo marco no hay diferencia entre el Valle de Jefer y el Monte Grizim? ¿No hay relación entre esa incapacidad y la dificultad que tenemos en clarificar una postura política que sostenga la no concesión conceptual de "Eretz Israel", desde una voluntad de concesión práctica política de partes de esa tierra, a cambio de la legitimidad regional e internacional de fronteras seguras, consensuadas y defendibles del Estado de Israel, una postura en cuyo marco sí exista una diferencia esencial entre el Valle de Jefer y el Monte Grizim?

 

También este año, como todos los años, nos saltearemos alegremente Tisha Beav. Incluso los que saben, o creen quizás, como compañeros de Berl en el "Batallón" en Egipto, que "ya hemos sido redimidos" y también los ignorantes, también sus hijos y sus nietos, levantarán la vista hacia la Fiesta del Amor local el quince del mes de Av, o hacia el calor de julio y agosto, que hace al mundo hervir. Somnoliento, en la biblioteca de la escuela local, el bibliotecario quitará el polvo de los ejemplares de la Biblia con vistas al año lectivo que se acerca. Entre "Rut", el relato bíblico, y "Eclesiastés", de la literatura de la sabiduría, llora por la noche el libro de las Lamentaciones, con lágrimas en sus mejillas. No todos sus amigos la traicionaron, pero precisamente aquella gente pionera, que hizo más que todos los demás por la realización de la esperanza del último versículo: "Vuelve a nosotros, oh Eterno y nosotros volveremos a Ti" (Lamentaciones, 5:21), precisamente él, no atinó volver. "Desfallece nuestro corazón por esto, y por ellos se nublan nuestros ojos" (Lamentaciones, 5:17).

 

                                                                                                                                                                Guivat Jaim Meujad, 1990

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